Con motivo del 25.º aniversario de su tradicional y esperada fiesta anual de disfraces —celebrada en el restaurante Cathédrale de Manhattan—, Klum desfiló con una reproducción a gran escala de su propia mano izquierda. La compleja transformación óptica ocultaba sus piernas entre los dedos corazón y anular, mientras su rostro asomaba por una abertura en la palma junto a una herida falsa que exponía huesos, tendones y abundante sangre artificial.

El diseño del traje, confeccionado mediante escaneos corporales según la revista Vogue, reprodujo detalles muy personales de la modelo, como su anillo de compromiso, su alianza y el tatuaje con el nombre de su esposo, Tom Kaulitz. Debido a compromisos musicales de su marido en Alemania, Klum acudió acompañada por su hija Leni Klum, quien se disfrazó de Miss Piggy, además de recibir a numerosas figuras públicas como los actores Kyle MacLachlan y Neil Patrick Harris.

Detrás de la compleja caracterización estuvo nuevamente el especialista en maquillaje y efectos especiales Mike Marino. La aparatosa estructura requirió de un transporte especial en furgoneta y exigió horas de minuciosa preparación para mantener viva la tradición de sorpresas virales que la modelo encabeza desde hace un cuarto de siglo.